Venablos acerados a miles
Se me hunden en el alma
Haciéndome vomitar de dolor,
Flechas de mil puntas de cristal
Me asaetean el corazón
Rasgándole sin piedad,
Haciéndole chorrear bilis amarga
Preñada de sangre negra.
Mil lanzas se me clavan
En el estomago sin matarme
Para violentarme el deseo
De ti, de tus labios, de tu seda.
Pensar en poder dañarte
Me enloquece.
Verte enfermar por mi culpa
Solo me hace pensar en cesar,
Acabar, sucumbir por castigo;
Como un Prometeo indigno
Muriendo cada día penando
Para ver salir el sol de nuevo,
Sabiendo que el dolor
Cada vez más intenso,
No será por los hachazos,
Merecidos,
Sino por tu carne podrida
Putrefacta por mi mano,
Clavada en mis pupilas
Sin poderte aliviar.
La angustia va estrechándose
En torno a mi garganta
A medida que escucho tus palabras,
En un hilo, llenas de duda,
Como si la siringa de Pan
Te enloqueciese
Susurrándote la desgracia
Llevada de mi mano;
Por el egoísmo de tenerte
Cada vez más estrecho
Más cerca de mi corazón
Sin pensar…
Han pasado tres días,
Camino muerto de castigo,
Entre vivos alegres, inocentes,
Único culpable universal,
Reo de un crimen repulsivo,
Sin terminar de morir,
Sin condena que cumplir,
Sin expiación
Con temor de mirarte
Recordando tu cuerpo trigueño
Que se me dio espontáneo
Sin nada a cambio
Y ahora puede sufrir mi locura
Viciosa locura
Que puede condenarte,
… y sigo sin morir…
18.7.13
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